Contradicciones

Decir: Hago yoga, mola. Decir: Voy a meditaciones, es interesante. Decir: Reiki, causará desconcierto en unos y por otro lado, acercará adeptos Si nombro conceptos como mantra, chacras, mandalas, ... me mirarán con escepticismo en algunos casos y con deseo de saber más en otros.
Pero si digo que rezo el Rosario, que dirijo mi pensamiento, mis dudas, mis tribulaciones, mis anhelos y más a Dios en su concepto total y a María y Jesús como referencias en lo humano de lo que el hombre es en lo divino y dios es en el hombre, me etiquetaran de beata, de ser del Opus, de los Kikos, de los Testigos de Jehová o de cualquier otra facción eclesiástica.
Y si digo que todo es parte de los mismo, que pinto mandalas, canto mantras, hago meditaciones, me ocupo de la actividad de mis chacras, tomo flores de Bach, rezo el Rosario con asiduidad, leo Biblia, Corán y todo lo que llegue a mis manos  y me haga sentir que es parte del camino, dirán que no sé lo que quiero, que no se puede ser fiel a nada cuando se sirve a tantas cosas distintas y algunas cosas más.
Y, en todos esos casos, los precursores de la Nueva era verán con buenos ojos lo que a los más tradicionales les parecerá pecaminoso o irreverente, e incluso contrario a doctrina. Y estos últimos estarán encantados de mi apología del Rosario y de las referencias a Jesús y María , mientras que otros verán todo eso como algo obsoleto, mecánico, rutinario y esquematizado dentro de una estructura eclesiástica caduca y decadente.


Y nadie tiene razón aunque todos estén en lo cierto. pero sobre todo, y por lo que ahora me he inclinado a hablar de esto, es para reivindicar el valor de la oración del Rosario que si ha sido tan denostada ha sido por la forma en que se ha propagado, por la forma en que se reza y por la poca información veraz que se tiene respecto a lo que es, representa y significa.
Y esto solo es un apunte impetuoso de una reflexión más intensa que ahora no estoy en condiciones de hacer pero que, llegado el momento, retomaré.

La experiencia de Dios

He llegado  a la personal conclusión de que todos los textos que recogen los grandes Libros de las grandes religiones son, básicamente, el relato de la experiencia personal de algunas personas con Dios.
Instructiva y edificante en algunas ocasiones, se vuelve confusa y perturbadora en otras y eso solo puede ser por el propio estado del receptor de ese encuentro/experiencia.
Lo que me preocupa de esta conclusión es lo que veo más allá de ella. Los libros sagrados están cerrados; en algún momento de la historia pareció decidirse que ya no iban a haber más encuentros con Dios, que ya estaba todo dicho y que eso era suficiente. ¿Suficiente? ¿Para quien? ¿Quien determina lo que Dios va a hacer/decir  o dejar de hacer/decir?
El resultado de esa decisión es que toda percepción de ese encuentro interior, de ese posible diálogo directo y personal, se descarta, se deshecha, se niega y se ve como imposible.
Oh, claro, solo seres como Jesucristo, Mahoma o Buda (por citar a los más identificables) pueden alcanzar esa comunicación y estar en condiciones de transmitirla.
Bueno quizá de transmitirla correctamente y sin interferencias personales sí, pero ¿recibirla? El problema que tenemos es que somos nosotros los que delimitamos los medios, la forma y el modo en que esa comunicación puede producirse y así, sin darnos cuenta, le estamos poniendo límites a Dios o, mejor dicho, estamos acotando y tamizando la forma, el modo y el medio por el que vamos a aceptar que "ESO" es Dios.
No nos vale ver que llega a nuestra vida una ayuda inesperada que nos salva de un aprieto; o que una percepción interior nos está haciendo saber (lo cual no significa que vayamos a hacerle caso) cual es la respuesta correcta ante algo; o que propiciar la actitud generosa hacia otros sea la forma en que Dios llega  a esos otros o que caiga en nuestras manos el conocimiento de algo nuevo que nos abre la mente y nos predispone hacia el crecimiento interior justo en el momento en que estamos preparados para recibirlo y entenderlo.
La mayor parte de las veces ni nos damos cuenta de que eso está sucediendo; otras lo etiquetamos de casualidad y casi ninguna llegamos a aceptar que esa es la forma en que Dios se está ocupando de acudir a esa permanente llamada  que hacemos y luego dejamos aparcada.
Sigue siendo mi conclusión personal que todas esas manifestaciones de Dios que tan confusas resultan al profundizar en ellas lo que son realmente es la transmisión de lo que los hombres que tuvieron un encuentro personal con Dios sintieron en sí mismos hacia el resto de los hombres.
La ira de Dios era su propia ira; los castigos de Dios eran aquellos castigos que ellos mismos infligirían a los hombres de su tiempo, la tristeza de Dios era la que ellos mismos sentían porque en su amor hacia Dios les dolía ver el desamor de sus congéneres.
 Observar la experiencia de otros debería ser una referencia. un rstímulo para llegar a alcanzar la propia; no un anclaje que nos incapacita para navegar hacia el conocimiento de Dios.

Y seguramente todas estas impresiones sean falsas y sean verdaderas, porque percibo a Dios a través de mi convulsión interior y no le permito dejarse sentir en el medio, forma y manera que estime más adecuado para mí y ante cualquier percepción de Él, me digo: "Esto no puede estar pasándome a mí; hay que ver la fantasía que tengo"
Pero quizá, solo quizá, también la fantasía sea lenguaje de Dios.

"¡Vamos! ¡Atrévete! ¡Estoy contigo, en ti; y tú conmigo, en Mí!. Deja volar tu imaginación"

Una

A Una le gustaría que, cuando se analiza o se somete a algún estudio de personalidad, el resultado fuera altamente satisfactorio; de esos que le hacen creer que todo va bien, que sigue el camino de la iluminación, ¡vamos, que empieza a rozarla! Pero va y ve que no es así, que el resultado de esos análisis o estudios lo que le revelan es un: ¡Anda que no te queda! y Una se deprime, le parece que sigue estando en el interior de un pozo muy profundo y que no ha adelantado nada, que sigue estando tan oscuras como cuando empezó a recorrer este camino y se desespera, le entran ganas de hacerlo saltar todo por los aires, de regresar al cubículo conocido y abandonar todo intento de transformarse en algo mejor.
Pero Una no toma decisiones precipitadas, deja que pase el efecto que el conocimiento de la verdad interior le causó, deja (y no por sabiduría, sino por puro instinto) que se aposente el revuelo que se formó y deja que el tiempo le muestre la verdadera lección. 
Una se da cuenta que sí avanzó mucho, que le queda un largo camino para recorrer, pero que ha caminado un largo trecho en el que fue deshaciendo muchos enredos, pasando el trapo casi a diario al cristal a través del cual contempla el alma y que si ha descubierto nuevas tareas no es porque lo hecho no haya servido para nada, sino que es ahora cuando se muestran porque es ahora cuando puede verlas; porque estaban muy adentro y no podrían haber sido vistas si no hubiera quitado todas esas capas de polvo antiguo que lo cubrían distorsionando la verdad.
Sí, Una tiene un enorme miedo al fracaso y eso suele paralizarla antes de intentar algo siquiera; Una siente necesidad de ser amada y tiene que aprender a no reclamar angustiosamente el amor, sino dejarlo llegar (si es su voluntad llegar). Una ve a otros que, aparentemente, caminan  por detrás de ella y no comprende por qué aprovechan sus sugerencias, su propia experiencia, para avanzar ellos mismos; Una tiene que ser tolerante y paciente con los pasos de otros; porque es su propio camino el que siguen y quizá tenga que ser así y porque, nadie le apuede asegurar que no vayan por delante de ella pocos pasos más adelante. Una desearía ser un dechado de virtudes, desearía estar en los límites humanos de la perfección, pero Una sabe que está muy lejos de eso y tiene que aprender a no sentirse mal consigo misma por no ser perfecta. Una está dispuesta a trabajar y confía en que, como siempre ha sido, siempre aparece algo en el camino que le avisa de errores y le da la opción de rectificarlos; y le alienta por los aciertos comunicándole nuevos pasos que avanzarán en el despertar de su conciencia. 
Aunque esos nuevos pasos sean mostrarle algunas cosas más en las que hay que seguir trabajando.

Andando el Camino

Fue en el Camino  que Gudari se quitó la armadura y se dejó abrazar.  
Chaman enseñó una poderosa alquimia: la risa,
y aprendió una nueva: la fuerza del grupo.  
Reina curó las heridas de su corazón y se abrió por entero al amor.   
Sherpa averiguó que sabía mucho más de lo que creía,
y que, sin proponerselo, guiaba a todos.  
Niño descubrió que su pasado era ruina muerta,  pero que con sus piedras estaba construyendo algo nuevo.  
Y su lengua dio sonido a la voz de todos.  
Alquimista aprendió que transformar desde sí misma  es la única forma verdadera de dar a los demás.  
Y todos, que empezaron solos, separados, ignorantes de los demás,
se hicieron UNO  en el Camino.  
Todos Soy Yo

El buen camino

Cuando alguien te muestre el buen camino, síguelo.
Aunque quien te lo mostró ya no camine a tu lado, ni veas las huellas de sus pasos por delante de ti.

Contaminación vibracional


Era tiempo de Cuaresma.
En el Vía Crucis, el sacerdote hace referencia a las veces que Jesús cayó al suelo sobrecargado por el peso de la cruz. Habla de cómo la cruz representa todos nuestros pecados y que Él nos salvaba con su entrega. Y se me queda enganchado lo que dice después: “Aún sigue salvándonos; aún carga sobre sí todos nuestros pecados”. Después de eso apenas oigo lo que sigue diciendo; como si una mano hubiera atrapado al aire algo que no quiere perder y se mantiene cerrada hasta encontrar la forma de abrirla despacio y mirar lo que ha cogido, así mi mente ha cerrado toda atención a nada que no sea esa frase. Ni siquiera es que esté pensando; solo la contempla, concentra en ella toda mi atención y la dejo hacer; sé que me llevará a alguna parte.

Pecado. Terrible palabra; condenatoria en sí misma y que solemos relacionar con actos muy graves y ostentosamente visibles. En todo caso, creo que pecado es una decisión errónea que atenta contra la integridad de uno mismo o de otros y que se resuelve con plena consciencia y admitiendo su calidad; aunque se pretenda disfrazar de otra cosa y vestirlo de imponderable. Y, de esos, tenemos toneladas a diario.
Estamos llenos de errores a los que no queremos ni asomarnos siquiera para mirarlos de frente y admitir nuestra responsabilidad.
Las cosas cotidianas de la vida son una escuela inmensa que nunca cierra y se puede aprender tanto de lo que parece más pequeño, como de lo más grande y evidente.
En un ambiente de trabajo es muy fácil ver esto.
Entre todos, a diario, se cometen innumerables errores de distinta gravedad y trascendencia, pero la actitud general y más inmediata es “buscar un culpable” que nunca es el mismo que determina de quien fue el error. Aunque a veces lo sea.
Nos quietamos de encima lo que no queremos admitir en nosotros y se lo echamos a otros. El que lo recibe siente el peso de la carga que le llega de golpe y se la sacude como puede vertiéndola sobre otros (si hay alguien más sobre quien echarla) o reconvirtiéndola en rabia, crispación, enfado, resentimiento.
Si viéramos lo que sale de nosotros y llega a otros o se queda suspendido en el éter, nos espantaríamos; y, sin embargo, estamos emitiendo esas vibraciones basura constantemente.
A estas alturas de los milenios nos resulta fácil asimilar conceptos como contaminación lumínica o acústica; hace tan solo ¿100? ¿200? años, estos conceptos no serían inteligibles. La contaminación vibracional (algún nombre le tenía que poner para identificar de qué hablo) es tan cierta como estas otras, pero más difícil de asimilar porque, como todo lo espiritual/etérico, ni se ve, ni se oye, ni se toca. Pero se siente ¡y mucho! Se alimenta de todo lo que arrojamos fuera porque nos estorba, nos incomoda, nos irrita, huele mal y no estamos dispuestos a admitir que se ha generado en nosotros mismos. Es NUESTRA BASURA; una basura que dejamos en casa del vecino, que desperdigamos por las calles, que sigue acumulándose en nuestro corazón poco a poco, día a día. Y, lo más grave, es que es una basura que nosotros mismos podríamos reciclar, transformar, reconvertir y reutilizar en beneficio de todos y del nuestro propio.
Esta basura es como una nube oscura, densa, tóxica, letal, que va haciéndose más y más densa; más y más grande porque muy pocos están dispuestos a trabajar en su propia basura.

Y el caso es que el mejor abono es el que procede del residuo orgánico; cuanto bueno nos haría tratar nuestros propios residuos.
Solemos pensar que no somos “malos” porque no hacemos cosas MALAS (de esas gordas, con mayúsculas) y con eso nos basta. Pero ¿en que nos convierte no hacer lo que deberíamos hacer? Y ¿por qué actuamos así?.

Tengo la sensación de que es como si siguiéramos teniendo un pánico terrible al castigo; a vernos acusados, a recibir reproches y quejas, a que se quiebre la imagen que estamos tratando de proyectar.
….yo no he sido; eso es cosa de fulano/a... y fulano replica...a mí me lo dijeron sin tiempo suficiente; además, eso siempre lo hace mengano …y mengano, que ya no tiene a quien tirarle la pelota ...no los soporto más, son unos ineptos intransigentes, maldita la hora en que vine a trabajar aquí... Dan igual las palabras y en qué momento se es fulano, mengano, o sótano, solo es un pequeño ejemplo. Pero, es en situaciones como estas o similares cuando se ve la forma en que tratamos de desprendernos de lo que nos molesta, arredra o desprestigia ante nosotros mismos sobre todo. Es ese nosotros mismos lo que no soportamos. No se es capaz de admitir que se es celoso, envidioso, perezoso, soberbio, agrio, rencoroso, crítico .... y como no gusta, pero está en multitud y variadas facetas y grados dentro de todos y cada uno, pues no se trata, no se recicla; y se va acumulando la basura externa; la que al final, todos reabsorbemos de un modo u otro.
Pero hay personas que, de una forma u otra, recogen esa basura expandida por el espacio intangible y la tratan en la medida que les es posible y de la forma que Dios les ha dado a entender (no tiene porqué ser solo rezando, aunque es un medio altamente eficaz eso de rezar por todos). Ellos son los Simón de Cirene del mundo, los que participan en la carga de esa cruz que dicen que Cristo sigue cargando.
Y digo dicen porque no estoy muy segura de esto último; creo que el mundo está como está porque está hasta lo topes de basura vibracional, de emisiones negativas que quedan pululando en el ambiente como el polen de los pinos en primavera, contaminado como los campos de Chernobiletérico...pues seguimos echando balones fuera.

Siento que lo que Jesucristo dijo en su pasión debió ser algo así :
De acuerdo; yo recogeré todos los errores que no sois capaces de ver; todo lo que hacéis mal y no queréis admitir como hecho mal por vosotros mismos; de todas las mentiras que tejéis para salir ilesos en vuestro particular juicio; de las verdades que ocultáis para no perder prestigio. Pero del error más grande que cometéis no puedo salvaros. Porque, mientras he estado con vosotros, he ido absorbiendo toda esa energía densa y oscura que vais provocando con vuestra actitud y la he transformado al amaros, al no sentir rencor por lo que estáis haciendo, al no odiaros; ni dejar que lo que hacéis, me robe la alegría que siento al saber que limpié un poco la casa de mi Padre. Pero, en el momento en que en vuestro más grande error, os deshagáis de mí ¿quien de vosotros seguirá haciendo lo que estoy haciendo yo? ¿Quien está dispuesto a recoger la basura que vais tirando para que la porquería no llene vuestras vidas? Aquel de vosotros que lo haga, bien con la suya propia, bien con la de todos, que sepa que yo estaré a su lado, que hay un ejercito esperando acudir en ayuda de todo el que comulgue conmigo y que aunque las pruebas son duras y el camino difícil, es en el cada día, en cada momento dedicado a esa labor, que estaréis sintiendo la compensación de esa tarea. Porque así como el Padre está en mí, yo estaré en todo aquel que me siga ”.
Sinceramente creo que ese fue uno de los mensajes más importantes que nos dejó; que ese es el verdadero significado de aquellas otra palabras “Si alguien me ama, coja su cruz y sígame” Ni siquiera pidió que alguien le tomara el relevo en la cruz del mundo; cada uno, la de cada uno. Es una preciosa exhortación a adquirir la plena consciencia de uno mismo, a no disfrazarla, a no temerla, a comprender que nada existe sin existir; que todo aquello que no queremos ver, aceptar y trabajar en nosotros mismos, queda suspendido y lanzado hacia otros; que la conciencia no es una voz que nos habla de los abismos del infierno, de la condenación eterna y de la ira de Dios, sino un pensamiento espontáneo, silencioso, no condenador, que nos requiere a revisar nuestras emociones, comportamientos, reacciones y decisiones y nos predispone interiormente a rectificar el error cometido. Si queremos.

A Dios...desde dentro

¿Cuantas veces has pensado en Dios? ¿Cuantas veces te has hecho preguntas sobre conceptos que no entendías, dudas que surgían en cuanto mirabas algo con detenimiento? ¿Cuantas veces has sentido, al leer textos de una religión (da igual que sea la que tú profeses como el asomo a cualquier otra) que algo hemos entendido mal en toda esta película que estamos viviendo desde el principio de los tiempos? Está claro que hemos ido dando diferentes formas a algo que vamos experimentando, que algo, repito, hemos entendido mal, pero parece que hay algo; ALGO, que sigue haciéndote sentir que bajo todos esos textos, esas normas, esas directrices, ritos que rechazas y sientes que perturban la verdad, etc, etc...hay algo muy intenso, vivo, sabio, real y profundo.
No sé si te habrá pasado como a mí, que empiezo a hacerle preguntas a las preguntas y de cada respuesta saco veinte preguntas más y todo va creciendo y las diatribas mentales van creciendo ilimitadamente.
Pero también me sucede que, entre todo ese maremagno de ideas y sensaciones, hay veces en que...comprendo algo; comprendo el significado profundo e intenso de algo. Y me doy cuenta que la comprensión nace del interior; que no es como la resolución de una fórmula matemática que va llevándote paso a  paso a la solución final, sino que es algo que a base de darle vueltas y más vueltas, desquiciarme, apartarlo y olvidarlo, retomar el interés, escribir sobre ello, darle vueltas diferentes y llegar a la hartura total.. de repente, un día cualquiera, sin saber por qué en ese momento, entiendo lo que significa. O al menos llego a un sentido que me parece más sincero, coherente y sabio. ¡Y no lo he pensado yo! Como si hubiera estado ahí todo el tiempo y hubiera tardado una década en comprenderlo, en verlo. De repente, desde dentro, algo me decía: "Simplemente, es esto..."

Bueno, pues alguna de esas cosas son las que me gustaría contarte. No son para enseñarte nada, para convertirlas en dogma de fe ¡ni mucho menos! Quizá sea para todo lo contrario; para animarte a que no des nada por sentado porque sí; que si tienes dudas no te atormentes por eso, porque lo que no se comprende nos genera dudas; lo que no ha calado dentro, se queda fuera, expuesto a todo lo externo; pero piensa que si no ha entrado profundamente, es porque no te convence. Aunque vivas y te muevas como si estuvieras totalmente de acuerdo. Estoy convencida que lo malo no es hacerse preguntas, es no tratar de buscar respuestas y conformarse con que no se puede saber todo y elegir quedarte con lo convencional no por convencimiento, sino porque es más cómodo.
El resultado de esa búsqueda acabará suponiendo unos cuantos dolores de cabeza, bastantes dudas nuevas que ni siquiera te habías planteado, desarrollos espantosos de teorías inquietantes e hiper mega fashion, hartura, saturación, crisis de identidad....pero lo mejor llega cuando, de repente, te das cuenta no solo  que has comprendido algo, sino que ya vive dentro de ti esa comprensión. Eso es lo que de verdad te da seguridad y confianza para ir andando por la vida y para decir: Creo en Dios.
Y, eso, solo lo puedes conseguir tú mismo; creando ese espacio al que le puedes poner una etiqueta que pone DIOS y donde puedes preguntarle y exponerle todo lo que piensas  y te  hace sentir su nombre.
Creo que es la única forma de que nos acerquemos algo a Dios; desde dentro.