Lo incómodo

Hablamos de la energía de las personas, de la fuerza de la mente, de lo que nuestro pensamiento puede hacer en los otros, de esa energía invisible y poderosa que todos tenemos y que casi nadie comprendemos su verdadera fuerza y nuestra verdadera responsabilidad en cuanto a su interacción con el entorno.
La conversación va bien, es fluida, interesante.Hasta que digo la palabra Dios.
Las miradas se vuelven incómodas, el conversador se revuelve en su asiento, los comentarios tratan de eludir un reproche directo aunque siguen encerrando la decepción sentida.
La magia del momento se ha perdido en un segundo; se ha abierto un foso enorme y una muralla inaccesible entre mi contertulio y yo.
Pero no es por mí. Es porque he hecho mención de algo que es rechazado de plano y si es así es porque es desconocido.
Por desgracia para todos, conocemos a Dios a través de las religiones, no por experiencia personal y, por desgracia, no hay una sola religión que no parezca que ha hecho más por destruir a Dios que por darlo a conocer, porque sus actos han sido contradictorios a sus apologías y en el devenir de los siglos, los hombres hemos aprendido a cuestionar lo que no nos convence. Pero no lo suficiente, porque lo que hacemos es rechazar lo que nos ha parecido una estafa en vez de indagar en su posible veracidad a pesar de lo aparente.
Rechazar lo impuesto o establecido si no convence es bueno. Quedarse solo con el rechazo es quedarse a mitad camino.