En honor al principio

El pensamiento a través del cual nació este blog fue que quería mostrar, compartir, no el resultado de mi aprendizaje, sino el propio proceso; no las conclusiones, sino las mismas reflexiones.
Me he acordado de esto porque he estado a punto de no hacerlo ahora; alguna circunstancia del día sigue colgada en mi personal pizarra interna de observación y al pensar en ella he tenido unos minutos controvertidos: Voy a desmenuzarla y luego la paso al blog - a lo mejor no vale la pena ni que la comente - si resulta interesante puedo copiarla luego - hasta que ha llegado el recordatorio de la idea inicial, así que... ¡ en vivo y en directo !

Paseaba por el río con Sally, bastante ensimismada hacia dentro; he dejado a un lado el camino asfaltado y hemos caminado por el césped y los caminos de tierra en cierto modo para separarme de ciclistas, corredores y grupos variados y permanecer en ese ensimismamiento que tanto fluye cuando paseo, cuando camino sin más (A veces creo que mi mente funciona en relación directa  a lo que lo hacen mis piernas
Una mirada distraida ha recogido la imagen de una chica joven que estaba entre unos árboles, en una zona muy poco transitada, haciendo ejercicios con un aro. La fugaz observación me ha dicho: Está ensayando para alguna exhibición. Debería ensayar también la experiencia del público.
Ahí ha quedado la observación, pero ...bueno, hay algunas observaciones fugaces e imprevistas que tienen un matiz especial que me hace saber que eso que he visto y pensado es para ser mirado y observado.
Y lo primero observado ha sido qué tenía de especial ese suceso como para que mereciera la observación detenida, pero no me ha hecho falta mucho tiempo para darme cuenta. Eso, precisamente eso, es lo que yo estoy haciendo; hacer algo que va dirigido a un público, sin público; tanteo mi capacidad de expresión ante un público con la vaga esperanza de que, fortuitamente, aparezca alguien o alguien pase por delante de este jardín por casualidad; pero no arriesgo nada, no invito a nadie a que pase por aquí, a que comparta mis intentos, mis errores, mis avances, que pruebe a mover el aro si le apetece...que me ayude a avanzar, a perfeccionarme, a mejorar.

Bien; comprendo el mensaje y voy a actuar en consecuencia invitando a amigos y familiares pero se me ha quedado una pregunta en el aire. ¿Por qué he hecho esto? ¿Por qué me protejo y de qué?

La respuesta la tenía cerca, enfrente de casa para ser más exacta (como casi siempre, todo está mucho más cerca de lo que creemos) 
Vivo cerca del Mestalla, el estadio de fútbol y hoy había partido Valencia-Madrid.Las goleadas son fáciles de seguir desde casa; el estruendo de los gritos de gol se encargan de que no me pierda ni uno y hoy han habido a porrillo; lo que no sabia, eso sí, es quien los marcaba.
Bajo a la calle para ir a comprar y veo que ya están saliendo del campo ¡pero hay gente que sigue en el campo porque el partido no ha terminado! ???? 
Una conversación entre dos hombres me ha explicado eso. Madrid 6 - Valencia 3.
Vaya, parece que la afición se siente decepcionada. El que más y el que menos no hace más que decir pestes del equipo. ¿Para qué quedarse hasta el final si ya no es posible que remonte?.
Y vuelve a aparecer el pensamiento fugaz y espontáneo que me alerta de que profundice en eso Si no ganan, no interesa.

Queremos sentirnos ganadores, triunfadores, dioses del éxito; el esfuerzo personal no es motivador, el aliento se le niega al que fracasa repetidamente -no importa que tras una larga serie de fracasos se pudiera lograr el éxito- Nos acercamos al triunfador y abandonamos al perdedor. Y no me vale contemplar la premisa de que para el dinero que ganan los futbolistas es vergonzoso que jueguen mal (deberíamos recordar que solo se paga lo que se quiere pagar) no estoy haciendo una crítica deportiva sino aprovechando una circunstancia para aprender algo, para crecer, evolucionar, tantear...
Y comprendo ese por qué de antes; el que puede que actuara como detonante del aislamiento de la chica del jardín; el que motivó que escriba en mis blogs y no se lo cuente a nadie. Vergüenza; miedo a decepcionar-nos.

Hemos desarrollado nuestra personalidad en una sociedad que alaba constantemente el éxito, la originalidad, la distinción, el destacar, la superioridad. Una sociedad que se aparta del que fracasa, que no sabe acompañar sin juzgar; una sociedad en la que no caminamos unos juntos a otros y todos a la vez, sino construyendo metas, intentando llegar los primeros, mirando hacia atrás para ver a cuantos hemos adelantado ya; aplaudiendo al que más corre, al que más goles mete, al que más salta, al más veloz, al que saca mejores notas y, todo esto, desde la observación. Somos tan críticos con los demás que damos por hecho que lo van a ser con nosotros; nos miramos y no vemos excelencia en cuanto hacemos, así que, aunque nos apasione, aunque estemos deseando que alguien se asome y simplemente disfrute de nuestros pasos, nuestros intentos y todo lo demás ... elegimos escondernos, semi ocultarnos, para mostrarnos cuando ya lo hayamos perfeccionado. Ya hemos caído en la trampa; ya estamos esperando encontrar el éxito, el aplauso, el beneplácito y el reconocimiento y juzgando con la mirada de los demás nuestra excelencia.
¿Que hay de la excelencia del proceso, del esfuerzo del intento?

. Entonces ¿Qué quiero compartir? ¿Lo que soy? Pues esto es lo que soy ahora y, si hay que poner etiquetas, le pondría esta :EN PROCESO DE SER

Trama y desenlace

Hace unos días, mientras hacía cola en la caja del supermercado, oí una canción que me dejó colgada del estribillo.
Desde entonces se me ha ido repitiendo constantemente con mayor o menor asiduidad, pero no me ha abandonado y ha logrado hacerme pensar en lo que decía: "Amar la trama más que el desenlace...". No tengo ni idea de qué canción es esa, ni quien la canta. Fue una de esas veces en que oyes algo sin saber que lo estás oyendo.


Hoy también he vuelto a recordarla, pero hoy el pensamiento se ha definido más y se ha paseado por la expresión contraria obligándome a mirar las dos opciones hasta que me ha llevado a una conclusión: no estoy de acuerdo con esa expresión. Para mí, la expresión correcta sería amar tanto la trama como el desenlace.
Se me antojaba esa expresión como un viaje en el que la trama es el viaje mismo y el desenlace el destino al que nos dirigimos y me daba cuenta que no hay destino posible sin el viaje que se realiza, por tanto resulta bastante absurdo no ver con satisfacción ese viaje que permite llegar a donde nos proponemos.
Y, por otra parte, disfrutar del viaje es lo mejor que se puede hacer, pero siempre debe haber un destino al que llegar, aunque solo sea temporal que, además deberíamos ver con agrado y gratitud porque nos procura descanso y la posibilidad de reponer fuerzas cuando menos.
Proponerse visitar un país extranjero y no disfrutar de todo lo que encontremos y conozcamos en el camino es viajar a medias. Ser un apasionado de los viajes pero no tener un hogar al que llegar al final de cada viaje no es ser viajero, es solo como estar alejándose siempre de algo que nunca está lo bastante lejos porque el fin del viaje no es ir a algún lugar, sino no estar en ningún sitio.
Y, sin embargo, esto que parece tan obvio dicho así, es lo que hacemos con la vida.

Para algunos es un sufrimiento que solo alcanza su sentido tras la muerte; para otros no hay más sentido que el que se viva en cada momento; no hay destino final al que llegar, ni nada hacia lo que dirigirse. es un puro caminar en el que lo mejor que se puede hacer es disfrutar lo más posible.
Me pregunto ahora si el sin sentido no estará en ambas posturas; si amar una u otra opción no es quedarse a mitad de la vida, de todo lo que es.
Amar la vida, amar el presente constante que nace cada día apasionadamente, es en realidad la forma de construir la vida que sigue a la muerte: Y amar ese instante desconocido y real que conoceremos después no le resta valor a la vida ni ha de limitar su honroso goce y la placentera percepción de todas las experiencias que nos proporciona.
Una vida plena es amar la trama que la va conformando en sus múltiples facetas con la gozosa satisfacción de que no acaba en lo conocido, sino que sigue y se proyecta más allá de lo que ahora soy.

Vivir en sociedad

En la Polinesia conviven varias especies de delfines; tienen rasgos físicos distintos, costumbres diferentes, mientras unos prefieren las aguas más profundas del océano, otros viven cerca de las playas, en aguas superficiales. Pero todos tienen algo en común: saben que la verdadera supervivencia reside en la vida en grupo, y, lo maravilloso es que este concepto de vida está tan arraigado en todos que les hace acoger, integrar y proteger a cualquier individuo que haya quedado aislado de su grupo. Aunque sea de otra especie.
Por alguna razón, sé que este comentario no sorprendería a nadie porque vemos a los delfines como seres inteligentes, tiernos, afables.

Los murciélagos vampiro, esos otros animales tan repulsivos, que nos hacen estremecernos a la mayoría cuando los vemos colgando de grietas y techos de cuevas o árboles, amontonados y hacinados, oscuros, feos y que, por añadidura, tienen la asquerosa costumbre de alimentarse de sangre (Aunque sea de animales no nos causa menos repugnancia) jamás dejan que uno solo de sus congéneres muera de hambre por no haber sido capaz de encontrar alimento. Los más afortunados en su captura, comparten su alimento con los menos favorecidos, "vomitando" la sangre ingerida para compartirla con el que no encontró alimento. Dos o tres día sin comer representa la muerte para cualquiera de ellos.


Especies salvajes, no inteligentes, animales sin conciencia, sin alma, sin inteligencia. ¿¿¿¿ ??????


Los humanos, esa especie privilegiada, superior, que domina el orbe y se siente dueña y señora del futuro de todo el planeta, quemamos cosechas que han superado la producción regulada mientras miles de personas mueren de hambre cada día; arrojamos  a la basura toneladas de alimentos que han "caducado" porque alguien determinó que había que poner una fecha estándar que dice "no consumir" aunque esté en perfectas condiciones. ¡Que cosas! los que acuden a los contenedores de basura que hay cerca de los supermercados deben estar inmunizados a esas  caducidades porque ellos retiran de los contenedores lo que ha sido considerado no apto para el consumo. No es de extrañar que vayan mirando en los contenedores de las calles (en la ciudades en que los contenedores están en la calle, claro. En las otras ni siquiera pueden acceder a toda esa comida).

Pero somos la raza superior.


Y ¿qué puedo hacer yo? ¿Puedo de algún modo cambiar algo de todo esto que sucede a nivel mundial?


Sí; sí puedo. En lo que está a mi alcance, con aquellos que veo cada día y conmigo misma.
De entrada, quiero ejercer mi propio derecho y libertad a decidir si un alimento es apto para el consumo humano o no. me niego a aceptar que una fecha estandarizada sea la que me lo diga y tirar a la basura lo que pasa de ella ¿Qué pasa, ya no somos capaces de saber cuando un alimento se ha descompuesto y resulta peligroso ingerirlo?  ¿No será que cada vez nos estamos adocenando más, alejándonos más y más de nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos? 
Dicen que esas fechas son para impedir que los establecimientos mantengan más tiempo del debido productos perecederos. Bueno, quizá fuera esa la intención pero la consecuencia ha sido que millones de hogares tiran a la basura comida que está en perfecto estado porque en la fecha de caducidad pone que ayer estaba bien, pero hoy ya no. 
Y mientras otros mueren de hambre. 

Y nos atrevemos a juzgar si merece una ayuda ese que se coloca todos los días a la puerta del supermercado; si usará nuestro dinero para comida, alcohol o drogas y, ante la duda, decidimos que no ayudamos. Aunque pueda estar pasando hambre.
¿Cómo nos juzgarán todos esos que mueren cada día de hambre sabiendo que nosotros tiramos la comida a la basura?


¿Y que puedo hacer yo? Cambiar mi consciencia, actuar por mi misma, con mi criterio, con mis decisiones, mis valoraciones, mis responsabilidades. Soy parte de la consciencia colectiva de este planeta y en la medida que yo cambie. algo estará cambiando en ella y, por ende, en el planeta. Qué importa que sea un grano de arena de un desierto. 
¡Me reivindico como un grano de arena consciente! 

¿Qué quieres ser tú?